Entry: Distracciones. 1.11.09



El poder de una distracción es sublime.
Porque como soy vana, pueril y espantosamente estúpida, una imbecilidad se alza sobre la otra y todo pareciera volver a tener tonos chillones de colores. Hasta que me doy cuenta de que, ya lo dije, es una imbecilidad tal y como todas.
Y me conozco demasiado bien, más de lo que me gustaría, incluso aún cuando no me puedo ayudar ni entenderme mucho, me conozco cada célula, sé cuando van, se cuando vienen, tengo un registro de cada sinapsis, me sé todas las concentraciones de todos los fluidos presentes, me sé mi futuro, me sé mi presente, y tengo la tendencia a saber mucho el futuro (pero no hago alarde de ello, porque nosotros los adivinos debemos guardar los secretos de la humanidad).
Y por ello, yo siempre supe todo, tenía mis objetivos planteados en el instinto aunque yo no los quería realizar, hay una oposición contradictoria no sólo entre deseo y personalidad, sino que también entre conciencia y voluntad.
Y ahora viene a presentarse frente a mí como un error que ha de ser tirado al cauce del río que todo lo corroe. Pero las cosas no son así de fáciles, se alzan las voces frívolas y llenas de esperanzas a tratar de corregir para mejor mis burdas acciones, señalándome que esto sí, que esto puede ser, bah, que esto ES. Y si no lo fuese, no es tu culpa, vamos que no pierdes nadas. ¿Qué dices? ¿Yo? Claro que no, no era nadie, no era ni yo, tú no sabes nada de esto, la experiencia habla en tu contra, pero ¡Ah! la madrugada, no, no, no, esa canción me lo advirtió y no quiero caer de nuevo, pero si no estás cayendo, es sólo distracción de tú-ya-sabes-qué y de aquel otro tú-ya-sabes-qué, que te dé lo mismo, no me dará lo mismo, me mentiré a mi mismo, como siempre suelo hacerlo para representar mi personaje de obtuso inconsecuente, tienes razón, pero, por otro lado, es la costumbre, asúmelo, lo necesitas.
ASSEZ!
ASSEZ!
ASSEZ!
¿Acaso habíamos olvidado la resurrección?
- Pensábamos que esto nos ayudaría.
- Dejémoslo en segundo plano y mantengamos en la superficie la mentira de siempre.
- Está bien.

Lo más triste de todo, es que a veces no puedo evitar reírme.

Y aquí sigo y seguiré.... En el túnel, que cada vez que trato de sellarlo totalmente, se derrumba; tengo manos torpes.
En la burbuja de cristal líquido, que no revienta, que no es esférica, que no es de colores.
En el concierto de infiernos, a cada hora con una nueva sinfonía de dolores y aflicciones, pero que no por serlo deja de tener un matiz artístico, musical, simplemente bello, inherentemente poético.
En el teatro mágico, con puertas destrozadas de tanto abrirlas, con bambalinas abarrotadas de mis actores que nunca dejan de interpretar sus personajes y que se preparan para su próxima gran función de la cual se espera una obra apasionante digna de ovación eterna.
En el circo de emociones absurdas, donde la lombriz solitaria dirige las múltiples pistas. Causando carcajadas entre el público actúan los instintos más adolescentes, mas hormonales. Se destornillan riendo cuando ven todas mis tomas de decisiones, se ponen a llorar de éxtasis cuando me ven destruida por mi propio tonto remordimiento, no dan más, sus estómagos se contraen, cuando me ven resignándome a la nada, al no-me-importa.

Sí, el Yo retrocedía.
Y ahora va el copia-y-pega de la adaptación de un borrador concebido en un momento de la más idiota desesperación.
(¿Qué puedo decir? Me gustó).

.-
Había una vez un Yo, y ese Yo empezó a girar contrareloj.
Se entumecía, se dormía.
Hoy hace calor.
Odio el sol.
Odio la primavera y sus flores.
Odio el polen que no me deja respirar.
Odio la magia que segrega en todas partes menos en ese Yo.
Brindaré otra vez.
Por la aceleración.

Él retrocedía, el Yo retrocedía.
¡Retrocedía!
Y hoy se sintió auténticamente mal.
Una lágrima cayó por su mejilla mientras escribía, porque fue un mal día.
El Yo necesita un poco de inconsciencia y mentiras.
El Yo necesita un viernes catártico.
El Yo está absolutamente disociado cuando habla el hablante lírico.... y weá.
La pura cagáh.
Porque no soy yo el Yo, cachái?
Porque yo estoy muerta.
Y la lombriz solitaria será la mejor amiga del Yo hasta mi anunciada resurrección.
Sí, sí.
¿Y qué?
La luces perfectas brillan en su hipocresía.
Los focos viejos quieren iluminar.
Y el Yo está sentado, leyendo, escribiendo, esperando.
El Yo odia esta época.
Muchos grados.
El Yo evita y abdica.
El Yo ahora comprende su error.
No vencería.
No tiene energía.
Él es imperfección concentrada.
Tan simple como que no es.
Esperaré a que la sangre hierva.
Incluso cuando mi instinto no es bestial (es absurdamente emocional).
El Yo no necesita abrazo ni consuelo.
El Yo era una úlcera, un tumor, y no exigía extirpación.
El Yo se odiaba, pero se amaba.
El Yo era orgullo lleno de desesperación porque no era vanidad.
Al Yo lo cultivaban sin quererlo.
El Yo era un accidente.
El Yo no debía serlo.
El Yo era infinitamente tierno.
El Yo se va a destruir.
Las mariposas conquistan y bañan en pasión alborotada.
El Yo las cazaba y quemaba.
La triste paranoia no es una falsedad: Hay conspiración.
Discriminación no insensata contra el Yo.
.-

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